“—¿Qué haces?
—Debo ir, me están llamando.
—¿Me quieres decir que acudirás a cada reclamo del entero reino?
—A los que vienen manchados con sangre, sí. Amor mío, un corazón que grita debe corresponderse con un corazón que arde.”
(Rey Vastian Mebender, “Las Tierras de las Cuatro Espadas”)
Si en esta hormiga no escribo esto, no soy yo. Quienes más me conocen saben muy bien que alcanza con una pequeña molécula de horizonte posible para que trague lo que haya que tragar, apriete las muelas y mi cuerpo cobre mayor fuerza para continuar braceando con una sonrisa los kilómetros por venir.
La obra sucede en una década, del 319 al 329 después de La Toma. En esa década no sólo pasan muchas cosas sino que además va y viene con los siete mil años de historia que sudan las eras de aquel mundo. Igualito a nuestras décadas. Somos, hemos sido y seremos. ¡Qué complejo se vuelve todo cuando en el manto de la verdad se resiste a esto! La misma cantidad de años que enmarcan los tres volúmenes, la vida me los devolvió en producción, espera, ansiedad, paciencia elaborada, un poco de bronca, algo de ejercicio para el consuelo y unas pizcas de “ya va a llegar” mientras mis manos y mi corazón continuaban dándole masa a las teclas, los dibujos, las campañas publicitarias y los ida y vuelta con gente de la fantasía que jamás he visto ni escuchado café mediante. El primer libro se terminó de escribir en el año 2017 y la casi confirmación (habría que ponerle un cuadrito a la palabra “casi” porque es aguda la importancia de su participación) de publicación de la saga que recibí esta semana es para el año 2027; tengo un bosquejo de contrato en la compu que ya leí como tres veces.
Y es que desde que decidí emprender esta aventura lo único que deseaba, y que hoy por hoy deseo inflando el pecho, es que la historia se lea. Léase, siéntase, si se sentó levántese o quédese como quiera pero sienta, ¡sienta mucho!, sírvase en la copa de lo que más guste y en el pote póngase de lo que más disfrute, si gusta compártase y compórtese bien, así, amable y servicial hacia el de al lado, que es la mejor forma de compartir, partir con, una historia, una idea, una canción, unos bizcochitos y el mate. Que circule, que se mueva, que sea criticada hasta las migajas y que llegue a las entrañas de quienes saben abrazar.
Era 2017 y algo en mí veía que debía plantear, además de las que venía trabajando, otras máscaras de enunciación al respecto de aquella idea que me había dado de lleno en mi espíritu con la primera intervención de Paya dentro de un hospital, allá por principios del siglo XXI. Eso mismo que tiempo después se me hizo cuerpo con la creación del género Teatro Bestial: la hoja Paya, la hoja No Paya y la hoja Borde de la realidad vincular. En 2004 lo ví, de esas formas en las que uno ve con los ojos de todo el cuerpo y el alma, le metí práctica constante, y en 2011 aconteció la consolidación de este género teatral que mantuvo mes a mes la chance de compartirse desde una sala y la posterior escuela. En el hospi vibré y al día de hoy continúo con dicha actividad, célula madre de todos mis impulsos y hechuras. El Teatro Bestial me permitió esgrimir conceptos y trayectos con generosos cruces con el análisis de la vida cotidiana vincular y los laberintos “psi” de la salud. Máscara Paya de hospital, máscara teatro bestial, máscara libros de publicación, máscara escuela de teatro, máscara consultorio de psicoterapia y hasta la máscara aikido que izó su bandera en el año 2013. Todas, toditas las máscaras de enunciación acerca de la producción de salud en la vida se iban plegando y mixturando a modo de mosaico, practicándose todas las semanas, como si cada una de ellas contara con el giratiempos de Hermione Granger y hallara el mejor modo para asistir desde el deseo en cada vagón de mi vida. Era 2017 y algo latía en mí, había una máscara que exigía ser. Y la cosa fue simple, como todo en mi vida: me reservé una primera madrugada que luego amanecer y mates con jengibre enmarcando un word aséptico cuyo blanco jamás me cansaré de llenar. Comencé a escribir. El mundo de “Las Tierras de las Cuatro Espadas” se fue irguiendo a puro deseo, aún conservo el mismo teclado, esas teclas no me permiten mentir.
Se podría decir que fui “a más” en este Tute Cabrero (hormiga de julio) y que no hicieron falta demasiadas manos para completar el porotaje y aceptar con caballerosidad levantarme de la silla y continuar mirando la partida desde afuera. El socius no tranzó, no gustó, no quiso, no nada, con los apenas cien ejemplares que había autopublicado creyendo que con ese anzuelo, el pescadito; y con ese pescadito, el pescado. Le tenía tanta fe a la historia que me era fácil prometerme escenas deseadas por cumplir. Yo quería hacer precisa la extensión, el compartir de la idea; es que ahí, con la máscara Tierras de las Cuatro Espadas, creía que me iba a ser muy fácil continuar expandiendo esto de habilitar el juego y la creación de contenidos desde la inocencia que proponen los Grooweis de la historia. Pero no, aún no, todavía no. Quizás tuvieron que pasar diez años desde aquel 2017 para que la llamita, que nunca se apagó, se vuelva fuego amigo. La historia que ha sido leída por un puñado de conocidos y gente querida, quedó ahí, se guardó. Tiempo después entendí que debía madurar: tanto yo como el libro. Así que desde 2018 empezó la intensa batalla de la composición de personajes, alianzas, traiciones, bravuras y cartografías al mismo tiempo que mi vida como psicoterapeuta, teatrista y artista marcial diagramaban sus luces intentando no hundirse en la cada año más diezmada economía de nuestro país.
—¿Pero Luqui, en qué momento escribís todo eso?
Creo que tuve la bendición de haberme acostumbrado a dormir poco, en comparación con los dormilones, y a haberle dado espacio de jerarquía en mi vida desde chiquito a mi amada disciplina; sólo se trató de dormir un poquito menos algunos cuantos días.
Completé el segundo tomo en el año 2022. Esta vez no iba a ser como la anterior. Me aseguré de corregirlo profesionalmente (tenía el tesoro para ello en ese capítulo de mi vida) por la grooweis María, quien arrancó por el tomo I y luego por el II. Y ahí sí, me dije “ya está, con estas portadas hermosas al óleo y los dos tomos corregidos con sus sangrías y guiones pertinentes, seguro consigo contrato con Plaza y Janés, Salamandra, Hidra, Minotauro o alguno de esos monstruos de distribución masiva”. Querida hormiga: puede reírse con todo gusto, la casa invita.
Aquí, en este rincón de la literatura masiva, la institución está más fuerte que nunca. Agentes literarios de cuatro corpulentas cifras europeas o norteamericanas tan sólo para leer los manuscritos según caracteres sin espacios. Mi instagram no marca más de mil quinientos seguidores y toda cosa que he armado hasta aquí no tracciona en términos de promoción para ellos. Al tiempo de las mil respuestas negativas recibidas, este escribiente siguió haciendo lo que le gusta: escribir.
El tercer tomo se termina en el año 2025. Completamente resistido a la idea de otra autopublicación, continué buscando sello de edición tradicional para mi saga. Rechazos, rechazos, invisiblizaciones sin capa de invisibillidad, negativas y “¿quién sos?”. La hormiga, siguió. Un día me encuentro con un mensaje de un sello nuevo, de Argentina, que está con ganas de completar su primer catálogo de salida. Al perfil de instagram que manejo haciendo redes y lazos en el nicho de la fantasía literaria, le acercaron el interés en conocer más de la obra. Acordamos una reunión y ahora estoy a la espera de las últimas lecturas de los tres manuscritos, con un bosquejo de contrato que me ofrecieron y una ilusión que ni les cuento.
Siento que algo sucedió de aquello que siempre imaginé; claro, distinto, pero al fin y al cabo lo mismo. Un sello, por el motivo que fuera, se interesó en la idea y a Florencia como a Carla les quedó claro que esta persona está acá para trabajar y que lo que más desea es que el sello haga lo suyo distribuyendo y divulgando la obra con el único requisito de que en verdad les guste y quieran ofrecer el producto hacia todos los vientos.
Habrá preventa para cada uno de los tomos, cada algunos meses. Descarto que se venderán así como también descarto que yo compraré unos cuantos de esa preventa para ofrecerlos como regalo al puñado de combatientes que a bota y espada aguardaron junto a mí este momento. Luego vendrá el salto al ruedo y las ganas, las ganísimas que tengo de que prenda y comparta, de que se diga, se comente, se regale, porque todo lo que se cuenta entre los tres tomos es exactamente lo mismo que se plantea en cada improvisación Paya en el hospi, en las obras de teatro, las pelis que se vienen, en todas las hormigas y en el consultorio, pero esta vez viene cargado de espadas y castillos, de natura y cultura debatiéndose desde distintos posicionamientos para el análisis; y creo, tengo la firme convicción, que será muy fácil aterrizar en uno u otro personaje cuando uno se anime a observar en su vida qué espacio y qué tiempo le da al juego y al amor en términos de construcción vincular… en términos de comunidad.
“—¿Tú crees, Herk? ¿Realmente crees que haya hombres que se crean dioses?
—¿Y de qué otra forma se inicia una guerra, si no?”
Y eso que aún no tengo la confirmación expresa del sello, ¡imagínese la manija!
Lucas Bruno
