—¿Y qué hacemos? ¿Se te ocurre algo?
—Es que… no debería ser así.
—Ya sé, está bien, pero ¿por dónde arrancamos?
—No debería estar así. Antes, (bla bla bla)
Así como hay quienes disfrutan más de los calores que de las frescas, lo salado que lo dulce y los juegos al aire libre que bajo un manso techo, también es notoria la espontánea división entre los que se arremangan mientras se acercan para hacer y los que se embarran con ropajes analíticos de alta academia con, lo que es aún peor, camaleónicas excusas.
Y el análisis de la situación es preciso, no por precisión sino por necesidad: se precisa el análisis, es necesario. Y para este autor, la necesidad implica una acción, no está dentro de mis espontáneos esquemas percibir dicha necesidad y que no empiece a carburar mi motor; diría que a esta altura de mi vida aquello se ha vuelto casi imposible. El análisis de la situación concluye en el preciso (ahora sí) momento en el que nos ponemos de pié y comenzamos a echar cuerpo a lo analizado; luego llegará el siguiente, y así.
Cuando la tuerca no va con el tornillo, no va. Tiene que girar casi danzando en su desplazamiento hasta el momento de la tensión suprema: la justa y necesaria de ese momento (como los medicamentos que tienen su rango terapéutico entre lo inocuo y lo tóxico). Y el hoy, que nunca es hoy sino que es un cacho de tiempo en movimiento, me invita a hacer más, pues la cosa está cada vez más jodida.
La escuela nace en 2016 luego de muchos años de trabajo anterior en distintas áreas de la salud y el arte. Pasados los primeros años de nuestro desarrollo, el cuarenténico 2020 nos hizo reposicionarnos hacia lo que vendría (¡si hemos dado batalla en aquellos años, eh! meta propuesta, meta laboratorio de ideas y producción grupal). Y se siguió, a fuerza de deseo y trabajo, se siguió con una sonrisa como insignia.
No es menester de esta atención que usted está compartiendo conmigo sumergirnos en las numerosas tareas de producción y enseñanza que desde la escuela hemos compuesto, a los fines de esta nota y a manera descriptiva hoy podemos decir que los talleres, cursadas anuales, participación en los hospitales, obras y seminarios quedaron reducidos a su mínima expresión, en especial desde el año 2024. A este momento de la escuela con Ivi, Flor y Dani, con quienes coordinamos las actividades, le pusimos “tiempo llamita” mientras nos pasamos el pañuelo por la frente para seguir creando, pues “la pelota no se mancha” *** y la llamita no se apaga.
Desde su gesta, las muestras teatrales de las cursadas anuales cuentan con composición de única vez en su guión y producción. En los últimos meses del año, además del entrenamiento técnico y escénico, se compone un guión de cero a partir de las improvisaciones de cada cursada, luego se monta, se ensaya y se ofrece en una sala teatral (Teatro Taller del Ángel y Teatro Ana Frank, de CABA) una, dos y hasta tres funciones. Para otra nota quedará compartir el método y la gesta de una muestra en la que, como en cada obra de Teatro Bestial, el protagonismo lo lleva la obra y no ciertos integrantes de un grupo.
De tiempo, deseo, trabajo y obligaciones tengo para hacer pasta desde las notas…
En 2024 se inició una cursada de 1er año con siete y para julio sólo quedaban dos alumnas (Ceci y Cata) y dos profes (Flor y quien escribe).
—¿Qué quieren hacer chicas? —preguntamos en julio luego del último abrazo de salida —miren que hay que investigar, escribir, ensayar… ¿le metemos? ¿o prefieren no hacer muestra y seguimos trabajando la técnica y la composición hasta diciembre? —(dejar, no íbamos a dejar, claro está).
Ceci y Cata sonrieron y a nosotros nos abrazó el entusiasmo. De inmediato las hojas de ruta dibujadas a partir de las improvisaciones de ellas comenzaron a poblar las paredes de la sala, con lápiz, tiza y cartulinas, títulos y movimientos, secuencias que sólo nosotros cuatro comprendíamos. Una vez más, la felicidad nos había abrigado. Y la muestra fue un lujo en el Teatro Ana Frank, y esa audacia la guardo bien dentro de mi pecho, ese mismo que le pongo a esta actualidad nuestra de “tiempo de llamita”.
El diagnóstico situacional es preciso y es muy importante. Chequear hacia dentro, ¿qué queremos? pues poder, sabemos que podemos; e interpretar sin forzamientos ideológicos (esos que tienden a encajar lo que no encaja “porque debe encajar” o “porque no debería ser así”) la expresión de la realidad que se ofrece desde nuestra vereda al corazón de la comunidad, y aceptar el espacio en el que nos sentimos vivos, para hacer, para arremangarse, para continuar poblando renglones con ideas y proyectos.
El año 2026 arrancó por primera vez sin una cursada en la escuela, y lo recordaremos como “ese único año que” en nuestros banquetes cotidianos. Hoy, este “Trabajo de hormiga” está más fuerte que nunca y lanzamos los capítulos de “En un periquete” al mar de youtube para seguir compartiendo esto que creemos que contribuye amorosamente entre los devenires de la comunidad.
“Siempre que llovió, paró”, se dice, sabiduría de refrán; y siempre que paró, una llamita, si hizo lo suyo mientras tanto, se vuelve f(j)uego, de ese que nos gusta, del que no quema, del que enciende las chimeneas de la producción.
Lucas Bruno
*** ¡Qué loco esto de citar aquí al pié que no es necesario citar al autor! Potencia de refrán.
