¿Qué te Paya?

Más de veintidós son los años que llevo como Paya de hospital. Los primeros doce los hice en Payamédicos, apenas éramos un puñado de entusiastas en aquella gesta; allí estuve hasta diciembre de 2015, momento a partir del cual continué la tarea desde la querida Escuela de Teatro Bestial hasta la fecha. Y, obvio, se sigue. Paya de hospital, actividad hermosa que ha confirmado año a año su impacto en el consultorio, la compañía de teatro y la vida cotidiana.

Llevo unos cuantos libros publicados, ensayos y perdigones de textos por allí y por aquí, no hay caso. La cosa finalmente logra comenzar a entenderse cuando nos encontramos en la acción. Sin embargo, creo imprescindible el hecho del registro (sea cual fuera la modalidad), nos sirve de anclaje, de referencia y en muchas ocasiones como trampolín. Pese a haber logrado cierto modo de acercar la idea de una forma un tanto más amigable (prometo seguir trabajando en ello) que como fueron lanzados mis primeros gritos-hojas, gritos-libros, gritos-obras, igual la cosa empieza a comprenderse cuando ponemos el cuerpo en acción. Quizás para otras artes, otros autores, a lo mejor esto no sea así; conmigo, se vuelve todo muy fácil cuando estamos juntos dentro de la cancha.

Hoy en día existe una considerable variedad de escuelas en torno a “clown”, la nuestra tan solo es una más. Más allá de las formaciones y los diplomas, siguiendo el hilo de la carta de presentación a través de las acciones, las diferencias entre las escuelas se establecen a partir del posicionamiento desde el cual este personaje construye drama en el mundo que esté pisando. Habrá escuelas que se crucen con el bufón, otras con estructuras del histórico-social, y más. Con el propósito de vender tickets o no, con un deseo de investigar, de crear, cada cual anda construyendo su camino y me parece bien. Nuestra escuela parte indefectiblemente desde la inocencia, y ese es nuestro sello. Y si al teatro le agregamos el circo y la calle el análisis se vuelve casi inabarcable, en verdad es realmente amplio el espectro desde el que el hecho puede acontecer cuando volvemos la mirada hacia adelante en nuestro paseo y nos encontramos una roja nariz.

Las publicaciones intentan lo suyo, quizás acercan un poco la mirada, de todas formas la cosa comienza a entenderse de qué va cuando ponemos el cuerpo, en el caso nuestro: en un taller, un seminario o si al encontrarse con algún Paya de la escuela en la vida cotidiana, el teatro o el hospital. Ahí, recién ahí, empieza la cosa. 

Sucede en particular cuando estamos por abrir un servicio o directamente un nuevo hospital. El equipo de salud y los directivos en general desean saber cómo es nuestro trabajo. Y es complejo, suelo caer en la tentación de querer compartir a fondo esta tarea que tanto me infla el pecho de orgullo, y algo cachan; debo tener ya suficiente experiencia tratando de dar a conocer todo esto, pero lo que les llega ni se compara al aterrizaje de los conceptos cuando por primera vez nos ven e interactúan con nuestra propuesta. Todo, absolutamente todo, se entiende en la primera mirada. Se nota al toque de qué va la cosa, el sello inocente de nuestra propuesta. Y es tan importante esto, como necesario. Los pacientes que vemos en las salas (adultos, jóvenes y niños) se van enterando del encuadre relacional de juego que presenta nuestra escuela al paso de las improvisaciones, y se va consolidando los “cómo” “qué”, “por qué”, “dónde”, etc, como cualquier encuadre, a medida que las semana pasan y las intervenciones acontecen desde su magia. Como profesional médico, hallo en esta actividad un campo que me va a llevar la vida entera explorar y producir al respecto de los alcances que se van estableciendo en torno a la salud.

Podríamos colgarnos de cualquier puntadita de este magma Paya-Salud que se crea y se recrea constantemente. A los puntos y comas de esta nota vamos por ese permiso tan bello como poético que habilita la máscara Paya en donde sea que se aparezca.

Créame, se lo pido por favor; he trabajado como Paya en numerosos servicios, desde neonatología, terapia intensiva y unidad coronaria a clínica médica, diálisis, pediatría, obstetricia, traumatología y demás, ni qué hablar de salas de espera, pasillos y guardias; cada cual con su particularidad y la adaptación del encuadre artístico correspondiente, y en todas, la potencia de los encuentros “Paya – No Paya” con pacientes, familiares, equipo médico, mantenimiento, seguridad, y más, es digna de no sólo recordar a  cada instante sino de escribir en cada cachito de vida.

¿Qué es eso tan maravilloso que sucede? tan sencillo y tan reprimido como el permiso para jugar. Payas aparecen y la posibilidad comienza a mostrar sus ángulos. Allí, desde el saludo, la distancia, las intensidades con las que improvisamos de forma particular, se hace posible ofrecer nuestro sello inocente desde el primer segundo; un sello que jamás va a imponer algo (ni siquiera con buena intención), cuidamos mucho cada partícula que ponemos en juego, y dejamos nuestra huella cerquita para que cada quien se acerque, a  su ritmo, a medida que se anime a crear un momento en el cual las palabras, los objetos y las situaciones acontezcan en un conjunto Payas-Pacientes. 

Y se entiende a la perfección esto al pensar en ese entre Payas-Pacientes. Ahora, ¿qué pasa… ¿qué paya? cuando ese entre es con el personal y los familiares… ¡lo mismo! ¿y con nosotros mismos? ¡también! Y lo vamos comprobando a medida que pasa el tiempo y seguimos practicando este arte (en el hospi, el teatro, el consultorio, la vida) que sólo se entiende cuando finalmente nos permitimos que un pixel de nuestra vida comience a descubrir el color que aún escondido aguarda para que lo empecemos a ver.

Planteamos a la salud, desde esta perspectiva, como una creación (de espacio, tiempo, sujetos y objetos intervinientes) conjunta, de forma que aquellos territorios que participan (Payas-Pacientes, Payas-Personal, Payas-Familiares, etc, etc) aumenten su potencia de obrar en el mundo (un segundito, un día, una vida entera); entonces, si la creación es conjunta, la producción de salud también.

La inocencia, ese espacio desde el cual dos territorios se encuentran en un sitio común (porque tan propio como impropio del todo, porque arremolina desde el instante en que es creado), anda siempre de visita en nuestras vidas aguardando su momento. La roja nariz Paya tan sólo acerca un poquito más, como haciendo zoom, es responsabilidad nuestra jamás cerrar esa mirada que siempre invita a construir en la vida al mismo tiempo que todo eso del auto, el aumento, la patada de más, el pirado que habló y el colectivo que se fue. Es cierto, no da soluciones en ese campo, pero te acerca mucho más a que las puedas crear.

Nuestro grupo de Payas de hospital, aunque llegue con los vestuarios en las mochilas, se nota: llegamos con una sonrisa y nos vamos de allí con una mayor.

Lucas Bruno


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