Vox populi

La autopista colmada de hinchas de Argentina luego de ganar el mundial 2022

—Señora… mucho gusto, ¿a cuánto estamos del pueblo?

Poco más de medio siglo desde que la posmodernidad quiso flamear su sello. No pudo. No prendió, no terminó de hacerlo. Hace más de tres años el país se paralizó entre el celeste y el blanco, miramos al de al lado y salimos a festejarnos. Una masa organizada por el amor al pueblo que jamás dejamos de ser, millones de argentinos levantando la copa del mundo, autopistas atestadas de soñantes que iban dándose cuenta que sabían la canción que creían no saber. Y avanzaban, avanzábamos, cada cual desde su barrio, desde aquella o esa otra esquina, banderitas agitándose y una felicidad imprimiéndose para siempre (que vendrá luego el turno de las sobremesas y sabremos contar la anécdota); sincicio albiceleste expandiéndose a lo ancho y a lo todo. Puedo reconocer que esa es la forma con la cuenta mi análisis: desde la voz del pueblo hacia la persona. El pueblo abrazó a su ídolo, otra vez. Volviendo, acerca de la pluralidad de las subjetividades, lo interesante es que no anulen la verdad objetivada, no es un versus muchachos, pero medio que desde los colmillos del corporativismo financiero de setentista puntapié, se comenzó a hablar más de “gente” que de “pueblo” para referirnos a nosotros mismos. Eso abrió un abanico peligroso al respecto de la verdad que el pueblo busca (al mismo tiempo que la traza) como sujeto de nuestra historia, y se pasó a las multipolares verdades de criterios tan absolutos como cambiantes. Tengo la leve impresión que parte de eso tenía que ver con anular el criterio de verdad que el pueblo secretaba a medida que la tecno, la historia y el amor. Y me animo un poco más, hoy estoy más entusiasmado que nunca, me parece formidable la producción de subjetividad, casi le diría que son núcleo imprescindible de los dispositivos de salud en los que pongo el pecho y el alma día a día. Eso sí, sin perder de vista la verdad objetiva que es la que mancha indeleble el surco.

Entonces… gente versus pueblo: ¡no! gente, sí, verdades parciales, sí, voy y vengo, sí, contradicción va contradicción viene, si, sin perder de vista (subraye la idea por favor) la verdad objetiva que va metiendo alma y cuerpo a nuestra Argentina querida. No puede ser, levanto el escudo, que lo que crea en tal o cual momento de mi vida lo arriesgue a los vientos con criterios totalizantes. Tenemos lápiz, papel y goma como para meterle puño a la idea, al mismo tiempo también tenemos sentidos como para comprender que el archivo se va escribiendo más allá de los límites de mi piel, son millones de trazos al mismo tiempo desde donde, con amor genuino, la resultante grita su bondad levantando su voz: como en aquel diciembre de 2022, es inevitable.

Y ahí esto que siento, no sé si más inconsciente o no, pero hubo una idea de correrse del surco que iba punteando el pueblo, y lo que decía “la gente” se volvía absoluto en la discusión (una “gente” siempre segmentada) porque de alguna manera había una necesidad, un deseo, de querer siempre ganar la batalla de la razón. En ese sentido, lo triste es haber comenzado a dejar de escuchar ese murmullo sensible que viene desde las raíces, cuando todo se mezcló y brotó en el siglo diecinueve nuestro ser argentino. El Yo enunciaba su verdad en base a lo que escuchaba de “la gente” (su gente) y creía que esa era la verdad. Es una voz, y vale mucho, claro que sí, pero no excluye la inevitable razón que nos une era a era. A veces el pueblo expresa cosas que no podemos entender (desde la fragilidad de nuestra individualidad) y otras veces se nos infla el pecho surfeando la ola. Creo que una forma hermosa de analizar (el país, nuestra casa, nuestras angustias y vínculos edípicos-antiedípicos) es observar en concreto qué es lo que sucede, trazar el mapa, pero no para ver si estamos dentro de los buenos o los malos de ocasión, sino para ver, para sentir, desde donde vamos a seguir construyendo. Observar aquello que se está dando (que siempre es más que lo que alcanza nuestra voz individual), sentir, cabrearnos y enamorarnos lo necesario para producir nuevos horizontes dentro de nuestra vida.

En la tarea como Paya de hospital esto se vuelve muy claro. La verdad objetivada es la del Paciente y su equipo de salud. Allí hay un motivo de internación y hay un criterio de atención. Lo que viene a ofrecer Paya en sus intervenciones está completamente alejado de una rivalidad con el enfoque médico dominante, por el contrario, es el esquema de salida a la producción de subjetividades con Paciente. Y esto, para nuestra tarea, es imprescindible. Debemos saber qué puede, qué no, si hay un aislamiento general o uno específico infectológico, si cursa con algún tipo de dificultad cognitiva, si está somnoliento, dolorido, etcétera, lo que fuera, pues… desde ahí,  salimos a construir. Es cierto, muchas veces aquello que sucede en una intervención es sorprendente para los ojos y las verdades de los libros ya escritos, se seguirán escribiendo ya desde lo que sucede, lo que acontece.

Para ello, para el abordaje de lo que está dado (lo que se ha escrito hasta este sol hermoso que hoy salió) entonces se vuelve muy importante tener un encuadre de abordaje: ¿desde qué ojos miramos este mundo del que somos parte? ¿qué se vuelve primordial para nuestra acción? ¿a qué no estaríamos dispuestos a renunciar para obrar en el tiempo y espacio que nuestros zapatos hayan decidido pisar? Un encuadre para producir en el mundo, en nuestro país, nuestra casa, nuestro rinconcito preferido, es lo mismo. Nos cuesta mucho tiempo, mucha investigación, decires y contradecires de nuestro Cronos mientras nuestros valores se vuelven más fuertes y nuestros pelos más dispuestos a caer, cuesta llegar a posicionarnos desde un lugar en donde entendemos verdaderamente desde dónde escribimos las páginas de nuestra vida. Pero una vez llegamos, se llega, entre lo espiritual y lo material, se llega, y ahí tenemos que ser muy pero muy pillos y no caer en la tentación de creer que eso se trata de un lugar de llegada, cuando en realidad la forma en que nos posicionamos en el mundo para leer las noticias, para resolver un conflicto con nuestra pareja, en el club y el trabajo, para construir salud (léase atentamente que el consultorio es tan sólo un lugar de tantos para ello), casi diría que se trata de un método en el que hay prioridades y desde el cual podemos salir a la cancha (¡exacto, no de llegada sino de salida!, me habrá leído largo y tendido en anteriores notas) a construir horizontes de lo lindo para mi casa, el barrio, el trabajo, el amor.

Lucas Bruno


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