Hasta el año 2017 la expresión artística de esta gesta que va a tempo con mi sangre en torno a la salud y el arte, se encontraba desplegada entre la actividad como Paya de hospital, las obras de teatro, los libros publicados, el consultorio y la escuela de teatro. Situando, sólo a modo de aproximación cronológica, del año 2003 a aquel 2017 hubieron momentos altos y bajos en tanto llegada de mis textos, invitaciones a seminarios y disertaciones, bordereaux e inscripciones a las clases. Hubo de todo. Funciones repletas y aquellas en las que éramos más quienes estábamos sobre el escenario que los que cómodamente ocupaban la platea. Contextos, protagonismos y ciclos económicos de nuestro país supieron ofrecerme cantidad de interpretaciones, sí. Al mismo tiempo, siempre hubo una constante: el empuje deseante, que no sólo era constante porque jamás se escondió de mí sino que constantemente (constanteespíritu, constantecuerpo) se supo expandir a medida que los proyectos y las ideas fueron encontrando su luz.
En el año 2017 decidí construir un puente comunicante entre mi trabajo desde el teatro y la salud mental con los terrenos de la literatura fantástica. Y como buen vhs contemporáneo de “Corazón valiente” y admirador de la obra de Tolkien me ligué de lleno en la alta fantasía, la “épica” digamos, para ser claros: la de espadas y castillos.
La idea fue ofrecer una nueva máscara de expresión en la comunidad en relación a la propuesta que acerca el Teatro Bestial desde cada una de sus hojas y frutos: una superficie de realidad objetiva (No Paya), una superficie molecular de deseo (Paya) y una superficie entre ellas (Borde). Como se imaginará, no hay Payas en la saga pero sí su posicionamiento ético en tanto interpretación y producción de vida, que está representado por los “grooweis” quienes sin darse cuenta vienen a proponer distintos ángulos a la estructuración del poder y sus instituciones de espadas, tesoros, fanfarrias, narcisismos y emblemas.
Entonces, ¡manos a la obra! Chifló enero y ya contaba con los primeros ocho capítulos. El primer tomo de la trilogía salió rapidísimo, pues el registro era dentro de todo fácil. Tenía claro lo que quería plantear, fue cosa de estructurarlo en borrador; luego a medida que los personajes y los territorios se iban creando, el excel acusaba el peso de sus numerosas columnas. El tomo I presentó el mundo, la idea central estaba clarita, y tenía todas mis anotaciones a flor de piel para el tomo II y III. Alguna vez le comenté a mi novia Cami (con quien debato contenidos e ideas constantemente, sin ella esto sería imposible) que tenía la sensación de haber escrito toda la saga para escribir los últimos tres o cuatro capítulos del tomo III.
Como buen entusiasta del trabajo: primero el trabajo, que el capital viene después (ya no son pocas las notas en las que enmarco esto, saliendo de la consideración de que el capital es trabajo acumulado). Siempre hice mi parte, la del trabajo. Y a simples vistas podemos decir que para el tomo I realicé una única impresión por autopublicación de unos cien ejemplares que andan dando vueltas por ahí entre las treinta personas que habrán venido a compartir presentación en el año 2018, otros tantos que regalé y los “dos o tres” que generosamente los compraron. Y ahí quedó, no “pegó”, no “resultó” en tanto atracción para librerías y coso. Otra vez el muro de la plataforma 9 ¾ me dió de lleno en el mentón y me dejó de este lado. Y es que la promoción y distribución son finalmente los benditos paladines de los libros.
Ok, aceptado. Entonces, a seguir trabajando.
Pasó el 2019 entre intentos de divulgación y propuestas a sellos de gran envergadura pues siempre supe que la obra tenía con qué y también supe que ellos tenían con qué, pero al parecer no quieren poner su qué en mi qué. Sí, ¿y qué?
En 2020, mientras la saga seguía su caldeamiento publicaril, volví a escribir acerca de arte y salud enmarcado en el consultorio y el teatro, ese libro que se publicó en 2021 y apenas acordé contrato con la editorial Letra Viva, volví a las teclas de los caballos, escudos y torreones. Un añito de escritura y registro más, el tomo II estaba completito y esta vez iría a ser corregido profesionalmente bajo la mano de una amiga de la casa llamada María Boguetti, a quien conocí en la corrección de Letra Viva (María, una grooweis lectora). A su vez, me contacté con el ilustrador Lautaro Fiszman para que realizara la portada del tomo II, ya que él había ilustrado la primera y había quedado más que hermosa. Tomo I y II corregidos e ilustradas sus tapas, volví al ruedo de la pesca editorial anunciando que el III estaba en composición. Di las batallas que había que dar, las dí, juro que las dí. Apreté las teclas de la presentación con todas mis fuerzas, venía con la experiencia en la espalda de saber que no era la autopublicación lo que necesitaba sino un sello que viera con buenos ojos a la obra y le diera cabida entre sus filas para ofrecerla al mundo a través de una edición tradicional y su congruente distribución. Arranqué por Argentina, toqué todos los timbres y también envié mails y propuestas para mis manuscritos fuera del continente americano. Quienes respondieron lo hicieron con elegancia y hasta utilizaron adjetivos que me quedaron cómodos, pero la saga sigue sin contrato pues la extensión, pues mi ausencia de sangre influencer, pues los costos, pues es demasiado riesgoso, pues pues pues (que es primo hermano de después).
¿Tres años más de múltiples rechazos? Sí, entonces el año 2025 me encontró escribiendo el tercer tomo, portada incluida y vuelta a la carga.
La obra cuenta con 2500 páginas de fantasía épica, su autor es este argentino que cree intensamente en ello. Es sólo encontrarnos con aquel sello que vea oportuna su publicación, y esta nota es una semilla más que se lanza al aire. Entonces, ¿qué le devuelvo al rechazo? Trabajo; sudor y deseo, dedicación y constancia; amorosa disciplina.
Querido rechazo: yo te rechazo.
Cuento con un puñado de personas que ha leído el primer tomo y que al día de hoy sigue acompañando en esta intensa espera: Cami en primer lugar, luego está el batallón que la banca desde las redes, con algunos jamás nos hemos saludado en persona pero los siento ¡tan cercanos! Fran Belllagamba y Lara Coatí, por ejemplo. La Noe que siempre está y un párrafo propio para Lucas de Andreotti, quien hace un tiempo se acercó con la propuesta de realizar unas ilustraciones (un sueño para mí) de algunos personajes y terminó ilustrando una escena por capítulo. Luc además se convirtió en mi lector beta (como se le dice a quienes leen por primera vez y te hacen devoluciones de todo tipo) tanto del tomo II como del tomo III; cada vez que me escribe con alguna resonancia de lo que esté leyendo, la llamita de mi deseo se vuelve fogata en los ojos de mi ilusión.
Rechazo viene, rechazo va, los comentarios abandogénicos de gente cercana no tardan en llegar, y la idea se vuelve más fuerte y precisa en mí. La saga concluyó su escritura y revisión, pero no así las propuestas para darla a conocer. Las ilustraciones de Luc me han permitido ofrecer espacios y personajes desde las redes y comenzar a trazar un audiovisual de la mano de Quimey, ¿quién nos dice y llega antes a las plataformas que a las estanterías? Será en diez o quince años, el próximo o en cincuenta, llegará, no tengo dudas. Pero la espera pasiva, esa de hacer la plancha o especular en la acción, a mí la verdad es que no me va, hay algo de cobardía en todo eso. Creo en mi trabajo y creo que se defiende con más dedicación y producción, esa es mi parte y me entusiasma la certeza de saber que le estoy poniendo el cuerpo.
Así como escribí una saga que aún no se publica, también estoy escribiendo el guión de mi segundo largometraje cuando la primera película aún no encontró su producción. Conversando con el director de cine con el que estoy trabajando en esa gesta, al finalizar una de nuestras revisiones del guión literario, me dijo:
—Bueno Lucas, excelente ahora nos queda lo más difícil… (haciendo alusión a conseguir inversiones para la producción de la película).
A lo que respondí:
—Para nada, esa es la parte más fácil. Nos llevará unos meses, algunos años, pero encontraremos quién desee invertir. Lo más difícil no es hallar el dinero, eso en algún lugar está, lo más difícil es crear este guión; eso no lo vas a poder encontrar en otro lugar que no sea acá.
La sonrisa fue melódica, auténtica y conjunta.
Dar la batalla en lo que uno cree, esa siempre será mi respuesta.
Lucas Bruno
