La inteligencia no es artificial

la manita de un recién nacido aferrada a una mano de la madre

Ajústese los anteojos, chequee la yerba para otra ronda, vamos a echar un huequito más en el almohadón con la hormiga de hoy, que se despertó un poco más inquieta que de costumbre.

Llegamos aquí con la propuesta de vivir un gran manojo de tiempo en este suelo, el nuestro, que es nuestro porque queramos o no, a medida que nos lo vamos poniendo lo vamos componiendo. Pensar en cien años hoy es poquito menos que la mitad de la vida de nuestra Argentina querida, ¡mire si no va a ser importante nuestra huella para el suelo que otros pisarán después! Y bien, aquí estamos, vivitos (afrontando lo que haya que afrontar) y coleando en este tiempo, para producir y no sólo reproducir.

Importante, muy ¡muy!, es sentir. Me resulta nefasta la posibilidad de suponer al ser humano por fuera de ello. Nuestros pasos, el camino que vamos forjando, está plagado de sentires. No se ven, no se pueden enlatar y ofrecer al por mayor. No digo que eso no vaya a intentarse, los robots sólo necesitan la orden. Quiero decir que no es posible pues, al hecho de sentir este escribiente lo ubica del lado del estado del arte de una persona, y para ello se impone el encuentro de almas; allí, en la arena en donde el tiempo descansa, el espacio no halla su fórmula y los ejes se vuelven una hamaca paraguaya.

La realidad, espacio y tiempo en que salvo psicosis estamos de acuerdo, frente a un tema puja fuerzas desde distintos ángulos. Con coherencia de hormiga, insisto en la idea de que la puja seguirá pestañeando sus intenciones pero finalmente será el pueblo quien a través de su expresión resultante en la acción, en lo aceptado como tal, izará la verdad.

Hoy, hablar de inteligencia pareciera estar sometido a una asociación directa a la artificial, y ni así. Cuando se habla de “papi fútbol”, “fútbol sala”, “fútbol 11”, se le agrega una cualidad distintiva pero se juega al fútbol. Muy distinto es lo que sucede por ejemplo con el “fútbol americano”, que no es fútbol y nos sirve a modo de intro (“la entrada” en la cena de Navidad) para los próximos párrafos. Ya meternos con el “fútbol-tenis” nos llevaría otra hormiga entera, ¡a no descartar!

En la mesa hay varias fuerzas servidas, es importante en cada debate sentir (guiño inevitable) desde dónde nos posicionamos, nuestra base, aquello imprescindible desde donde analizo, para bancar los trapos. Aquí, esta hormiga jamás renunciará a la noción de verdad como una expresión genuina y espontánea de la comunidad a través del tiempo. Lo genuino y lo espontáneo no puede alejarse más de medio suspiro de la calidez que brinda el encuentro de almas, que a veces una mirada, una caricia, una mano que tomamos aferrándonos a una intuición, como en el primer grito que damos en la vida dependiendo sí o sí del abrigo y el alimento (bastiones torre del amor) de un otro.

¿Cuánto podemos estar alejados del sentir en la vida? Lo mismo que el recién nacido, esa es mi referencia.

Al respecto de la “inteligencia”, dos son las ramas fuentes que tensan sus ropajes de origen. Uno podría cerrar los ojos y llenarse de ejemplos con tan sólo tomar este y el anterior siglo. Por un lado, la fuerza “inter”. Aquí nos habla de “elegir, escoger” entre uno y otro y otro de lo que se lee. Ejes cartesianos, causa y consecuencia, líneas de exploración por todos lados. Valores, excel, mayor-menor, raíces cuadradas de esas que uno se asusta con tan sólo verlas (a lo mejor ese sea su secreto para que muy pocos puedan resolverlas, ¡que dan miedo!). En este espacio, el del “inter” tampoco aplica lo artificial, porque ya lo es. Desde el momento en el que para el análisis de lo que fuera dejamos a un lado nuestro sentir (para este escribiente, esto ya de hecho es imposible pero estoy jugando con la idea), de alguna forma sería como abstraernos de nuestro sesgo humano (eso del estado del arte dentro de una comunidad), y estaríamos entonces entre los avatares del artificio. Desde ya, palabra engañosa en la oreja de su expresión “arte”-”facto”; para esta crítica dejaremos la aceptación “artificial” como el pueblo, a través de los tiempos, la trajo al mundo y viaja en el vientre de lo cotidiano.

La inteligencia artificial para las cascadas del “inter” sería lisa y llanamente inteligencia. Lo artificial en la descriptiva sólo sería una bofetada de sobrecodificación.

Ahora bien, desde la otra orilla agita sus palmas el “intus” para inteligencia, que nos propone leer “dentro”. Aquello que está, que llega, que acaricia, y nos afecta, entra y toca eso que nos genera la diferencia una y otra vez a cada respiración de nuestra vida. Todo esto que existe, que expresa su voluntad “por fuera” cuando entre lo voluntario y lo involuntario por fin llega, sentimos, y elegimos. El “intus” arrima el concepto de la inteligencia a las hechuras del alma, y de este lado lo primero que encuentro es a la valentía, que pese a que los datos de hojas milimetradas perpetúen una consigna, la intuición sensible anima otra carta y los ojos ya no pueden mirar para otro lado.

Es por el “intus” que es imposible para mí suponer una inteligencia artificial, no. La inteligencia implica un procesamiento personal dentro de la comunidad que componemos para el entendimiento y la producción de más vida (desde el conocimiento a un etcétera de botines ajustados). Para hablar de inteligencia, hay que sentir. En todo caso, lo que a hoy ha sabido llamarse “inteligencia artificial” no es más que un representativo exponencial de un procesamiento (artificial) de datos. Ya vendrá, eh. De seguro habrá tecnos-iluminados que ofrecerán vendernos al “robot que siente” en sus plataformas. Por suerte somos unos cuantos que pasamos por aquí hace unos años y no nos comimos el verso del “fútbol americano”.

El “intus” nos tira una soga para que el “inter” devenga “entre”.

Las dos orillas son importantísimas. La del “inter” y la del “intus”, pues así como el Papa León XIV publicó en su “Magnífica Humanitas” este año, al respecto de desde dónde administrar la inteligencia artificial, si desde el Estado o desde algunas corporaciones de élite, el Papa hermosamente responde que ni de uno ni de otro unipolarmente, sino desde la el corazón de la comunidad. 

Lucas Bruno


¿Querés recibir nuestras notas?