Entiendo, no es lo mismo esa persona que saluda, compra, se queja, felicita y vuelve a saludar, de la puerta para afuera que de la puerta para adentro; usted haga el trabajo de poner esa puerta donde mejor le quepa para la hormiga de hoy. La puerta, “en su quicio”, ofrece un océano de distancia a uno y otro lado, aunque desde la superficie el agua acuse la misma molécula H2O que la de un charquito del barrio.
En el mejor de los casos, la ética (eso del posicionamiento en la vida acerca del amor, los vínculos y la construcción de comunidad) es gemelada entre el adentro y el afuera. Sin embargo las máscaras de enunciación desde esa persona, tanto dentro como fuera de la puerta, suelen ofrecer diferencias aún en lo macro. Por ahí griten más dentro, o callen, quizás afuera necesiten más ejemplos para el desarrollo de una idea o sólo con algunas palabras alcance, y una prismática pluralidad de situaciones de expresión podrían también jugar a uno y otro lado de la puerta. Lo cierto es que los personajes que se despliegan “dentro” o “fuera” de casa, heteronimia, tienen sus cositas; con algunos hay que tener la lupa afilada como para el juego de las siete diferencias a uno y otro lado de la puerta, y con otros salta a la vista.
Primera cosa: la ética puede ser la misma, las espontáneas máscaras de expresión y producción son diferentes dentro y fuera de la puerta. Un personaje no sólo se caracteriza por su posicionamiento de deseo y su historia vital, sino también por el vestuario que carga. Alcanza con pasar el umbral de nuestra puerta para entender cómo los heterónimos comienzan a florear sus diferencias apenas nos sacamos las zapatillas sin las manos dejándolas a un paso de cualquier caída o dejándolas prolijamente en su lugar. Nadie “vive” igual fuera y dentro, a lo sumo y por una incontenible urgencia miccional se podría sostener la boina, el sobretodo y las botitas, pero siendo sinceros, ya nos sentimos completamente extranjeros con esa ropa dentro de la casa.
Para aquellos que laten una ética distinta a uno y otro lado de la puerta, dedicaré alguna hormiga prontamente. Son insoportablemente incómodos para el desarrollo de nuestra comunidad. Lo admito, en ocasiones tallan los capítulos que más venden de una serie de netflix, y si sólo se mantuvieran en el eje de la ficción la calma saludaría casi de inmediato; pero no, pululan de aquí para allá con puestos y cargos, y… ¡shhh!, secreto: algo me dice que no son pocos.
Segunda cosa: vamos a hacer pie de la puerta para afuera. Teniendo esta hormiga a la comunidad como núcleo de referencia, debo admitirlo, lo mío nunca fue la mera descripción de los medios de producción sino los flujos comunicacionales y de encuentro que se desprenden desde ellos apenas tocan la baldosa de la vereda, que siempre es pública. Entonces, podríamos resumir, a partir de que se pone un pie en la calle (la persona, el paquete, el automotor o el chisme), venga del sector privado o del sector público, es “somos”, es público. Comunidad.
Ya sea que pida el café, proteste por una factura mal hecha, reciba un reproche, intente conquistar, logre el puesto de trabajo o sea testigo de un anciano en dificultad por la senda peatonal o de un manojo de huérfanos billetes al lado de un árbol, el encuadre ético será el mismo y desde allí, obrará. Y aquello que obre impacta desde la sustancia más precisa indefectiblemente en el desarrollo de nuestra comunidad, tanto desde su estructura voluntaria (de números, balances y códigos civil, penal y código de barrio) como en la involuntaria que va tallando década a década el cuerpo poético de nuestro pueblo de forma inconsciente.
Para el análisis de esta hormiga voy a centralizarme sólo en dos vectores de enunciación de la puerta para afuera: el trabajo y la ayuda. Es decir, producir y dar una mano.
No estoy aquí para asegurar aquello que ni pista de estar seguro. Como en cada hormiga, la cosa se trata de que podamos senta(i)rnos a reflexionar para que luego del mate nos sacudamos las miguitas del pantalón mientras estiramos las piernas, y sigamos construyendo(nos).
¿Cómo será mi posicionamiento de salida, mi encuadre ético desde el cual a medida que transcurre la lógica de mis días me relaciono con mis vecinos, jefes, acreedores, maestros, mozos, contratados, extraños al parecer inofensivos, conocidos y por conocer, compañeros de equipo, alumnos, cámara baja y cámara alta del Congreso, transeúntes y la horda de oferentes de tipo Sprayette que van desde la venta al alquiler y desde la oportunidad a la obligación? Extenderé un puñado de mojones a modo de caracterización siguiendo el pulso de los dos vectores que esgrimí párrafos atrás, usted sabrá tomar cada cual y acusarlo en su diaria, y no tema sentir que quizás un poco de uno y un poco de otro, también puede ser.
Puerta afuera. En el flipper divino que construimos día a día, en esa matriz llamada economía de la vida, en donde aquello que se hace y que se produce tiene que ver con lo que se necesita y se desea, y que luego de los saltos de bola, luces y sonido, el puntaje se distribuye de alguna forma hacia aquí y hacia allí. Somos, pese a lo que determinadas ópticas enmarquen desde una lógica segregante, somos. Somos esta y nuestra comunidad. Allí, en la vía pública, caminamos y hacemos caminar aquello que se ha producido; en el medio, pasivos y activos calando el mismo suelo en ocasiones más demandantes y en otras más paisaje. Cada cual ofrece su protagonismo dependiendo desde dónde sentencie el punto de vista de nuestra obra. Puerta afuera, andamos. ¿Desde qué encuadre producimos vida aquí?
-De vagancia perfumada: en búsqueda constante de la obtención de tesoros con la menor participación posible de trabajo para ello. Brinda ayuda llegando a niveles exorbitantes, de forma selectiva, es decir si conviene para el feed de sus grupos de instagram y redes (individualismo de superioridad). Cree que englobar unos tantos dentro de determinados límites es lo que hace a un grupo. El tiempo que no dedica al trabajo lo destina a recolectar palabras complejas para ganar debates.
-De todo para mí: pone el cuerpo en el trabajo en cada segundo de su vida sólo con el ojo puesto en lograr el mayor beneficio para sí, puede que en ocasiones esto abarque también a sus núcleos más cercanos pero sólo si aquellos le pertenecen. No hay espacio para la ayuda, sí para los préstamos, alquileres, permutas, con el interés que considere mejor para cada ocasión. Individualidad al mango.
-De nulo arte: trabaja de aquello que el libro dice que tiene que trabajar, por la cantidad de tiempo y retribución que dice el libro, y en el pixel exacto del mapa que el libro marque con resaltador. Ayuda sólo si el libro dice que es eso lo que se debe hacer. Hay una pérdida concreta de la individualidad que hace sumamente difícil el despliegue de los artilugios del individualismo así como también los de un proyecto colectivo.
-De brazos abiertos: no concibe la vida sin trabajo, ama hacerlo. Lo ama tanto que lucha noche y día porque lo que ofrece hacia el trabajo tenga una armónica relación con lo que el trabajo le da. Camina por la calle casi buscando la excusa para una nueva “gauchada”. Disfruta de los rituales de preparación para cualquier tarea, y si se corta, se moretonea, se ensucia o se cansa en la acción, lo exhibe hacia el otro con una sonrisa a modo de cucarda. Trabajador y solidario por naturaleza. Cuando tiene más, agranda la mesa. Puede que llegue a la meta después que los especuladores “de todo para mí”, pero lo hace habiendo disfrutado del camino.
-De caos en rueda: comparte con “de vagancia perfumada” el rechazo mayúsculo al esfuerzo en el trabajo (cuanto menos, mejor) con la creencia de que si las alforjas se han llenado más allá de su participación activa, es bien merecido; y al mismo tiempo comparte con “de nulo arte” en la absorción de la letra del libro para el correcto despliegue del trabajo y la ayuda, con la diferencia que su motor de desarme jamás se apaga flameando su deseo de modificar todo aquello que se haya logrado establecer, incluso el libro, y con un extremo narcisismo se encarga de que todos recuerden que fue quien lo pudo lograr.
-De lo que pinte: puede que trabaje, puede que no, cualquier tipo de organización que consideren ofensiva a su propio cuero la intentará derribar. La ayuda va a tono con las conveniencias que siempre son minoritarias en la expresión del conjunto. Frente a una misma situación, si hay dos “de lo que pinte”, habrá al menos tres opciones y se chocarán entre sí. En quien transpira “de lo que pinte”, hay cierto goce en la incapacidad que genera al no poder ser enmarcardo en un conjunto determinado. Vende el cielo que diseña creyendo que las estrellas son todas shuriken.
Esta hormiga le deja estas seis plantillas, las variables fueron el trabajo y la ayuda porque considero que desde allí la cosa se pinta linda por la sencilla razón que esas mismas dos variables hicieron y harán la pulpa de nuestro pueblo.
Lucas Bruno
