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Salud grooweis salud

Grooweis en su hogar, entre la naturaleza y la alegría de la vida

—Y bueno… qué quieres… Otra no quedaba, yo no pensé que llegaríamos a esto, pero no vuelve… Estaba como sin energía, consumida, sin ganas… ¡qué se yo! Tú estuviste de acuerdo… —Julibur le susurraba a Pría dentro de la Refuerzosería, en la esquina más próxima a la salida.

—Sí, ya sé Juls… Pero no sé… me da cosita, mira si se le pasa la mano… Mira si no nos escuchó bien cuando le comentamos el asunto… No sé, viste que miraba para otro lado, como si nos hubiera estado esquivando. No estoy segura de que haya entendido… Además la puso ahí… ¡¡¡Ayyyy!!! ¡Si se llegara a despertar ahora, y observara a Barrick, estamos muertas, lo sabes! —Pría susurraba aún un poco más bajito que su compañera frigolina.

—No se va a despertar… Virimor le preparó un brebaje durmiente, y según se dice duran por lo menos un día entero. De todas formas nadie nunca pudo asegurar que habiendo tomado eso, no oyen ni sienten del todo, así que habla bien bajito por las dudas…

—Está bien… —Pría comenzó a susurrar más bajo, aunque ella sabía que era Julibur la que debía bajar un poco más su volumen. —¿Pero… qué está haciendo? Yo nunca lo había visto trabajar. ¿No te parece mucho para una situación de angustia?

—Oihhhhmmmmm… Oihhmmmmm… Mera pejjjjjjjj…iiaáAAAhhhh mera pej iaahhhh… Oihmmm… Oihmmmm…. Mera pejjjjj mera pejjjjj mera pejjjjj iaaaaaaaaaaaaaAAAAAAAhhhhh!!! —Barrick Donduaine de brazos abiertos mirando hacia arriba giraba sobre el cuerpo sentado y dormido de Madame Frigolín en movimientos elípticos y repetitivos. Avanzaba un pie, giraba y retrocedía, avanzaba el otro pie, giraba y retrocedía; sus brazos siempre permanecían abiertos—. Oiiihhhmmmmmmm mera pejjjjj iaaaaAAAAAhhhh… Oiiihhhmmmmm Oiiiihmmmmmm…

—Entiende, Juls… Entiende que cuando se entere Frigolín de que la trajimos aquí por su angustia, va a esperar que tengamos un mísero dolor de cabeza para traernos con el Armonizador. ¿Qué le pasa a este hombre? ¿Seguro que se encuentra bien?

—Bueno, Pría… ¡Qué se yo! Así como estaba tampoco servía para nada… Ya ni nos escuchaba, había entrado como en un trance prácticamente.

—Está bien, lo que digo es… ¿hacía falta traerla directo con Barrick? ¿No podíamos preguntarle a algún grooweis si tenía alguna idea acerca de qué hacer frente a una situación como la que estaba pasando Madame Frigolín?

—¿Pero qué te piensas? ¡Todos te dirían lo mismo…! “Llévala con el Armonizador”, por supuesto que te hubieran respondido eso.

—Es que yo lo comprendería en una intoxicación, en una ruptura, un estado de ponzoña… ¿Pero por una angustia? ¿De verdad piensas que estuvimos bien? Yo lo único que hice fue hacerte caso y acompañarte.

—¿Qué te piensas que es una angustia, Pría? ¡¿Eh?!

—Y… no sé… un momento de confusión, no sé…

—No Pría… una situación de angustia también es un estado de intoxicación… Pero lo que pasa es que lo que se intoxica es el alma… Es cuando todo lo que podés pensar y sentir pareciera que sólo podría salir por un tubito que cada vez se hace más chico, más angosto… Y no sale… Entonces todo queda adentro, acumulándose… y dañando los recuerdos, las emociones… Lo que se daña en la angustia es la vida del sentir… Y cuánto menos  Madame Frigolín esté así, angustiada, menor será el daño que se haga a ella misma.

El susurro ya era casi una puesta en escena, no podían contenerse, estaban completamente sorprendidas con el despliegue sonoro y danzante de Barrick Donduaine alrededor de Madame Frigolín. Virimor Estenzit observaba desde una esquina con media sonrisa dibujada a través de la comisura labial.

—OOOOoiiihmmmmm… OOOOiiihmmmm… sooooooporrrtannnndo tremendaaaaaAAAASss injuuuusticias… OOOOiiiihmmmm… ¡¡¡Cabezaaaaaaaaaa flooja! ¡¡¡Cabezaaaa agredida!!!! Cabezaaaahhhhhh oooooOOOOOiiihhhmmm… cabeza atestada de pésimas tonalidades. Cabeza sulfuradaaaaaAAAAAhhhhh OOOOiiihmmmmm… Sulfurada sulfurada sulfurada ¡¡¡SUUUULFURADAAAAAHHHH!!! —Barrick Donduaine desplegaba una agilidad inimaginada para Julibur y Pría, quienes absortas habían quedado boquiabiertas en el in crescendo corporal del Armonizador y en el diagnóstico subjetivo preciso.

—Retiro lo dicho, Juls.

—Retiro lo no dicho, Pría.

—¡Casco antiSóxius! —bramó Barrick y Virimor corrió a buscarlo.

Barrick Donduaine estaba desplazándose con una energía abrumadora alrededor de toda la Refuerzosería. Abría y cerraba las puertitas y cajones del burujo, impulsaba hacia uno y otro lado su contentador de pensamientos, caminaba, saltaba, la energía de seiscientos mares recorría su sangre armonizadora, su sangre grooweis. Tomó el casco antiSóxius, se lo puso con la mirada en el infinito y depositó la palma de su flaca y larga mano derecha en la frente de Madame Frigolín. Y se calmó, comenzó un soliloquio lento, pausado y suave.

—Las orillas de Mar, ese terreno donde no se sabe qué es tierra y qué agua. Ahí la musicalidad descansa en notas que aún nosotros no conocemos. Pero esta gente es de metal, esta gente no deja pasar el aire por su tubo sino que intenta comprar el aire del final, el aire cargado con las notas que ellos piensan que son las mejores, y que con sus preciados trofeos se hacen creer a ellos mismos que lo son. Notas mentirosas. Notas que no notan. Notas malas, codiciosas y antimusicales. Notas que lastiman la música. Cabeza lastimada. Cabeza flagelada. Cabeza que no endereza, cabeza, pereza, una nueva musicalidad despertará…

Julibur y Pría se miraron lentamente cara a cara mientras el soliloquio cobraba cuerpo en el ambiente.

—¡Virimor! Tres y tres cuartos vueltas al Árbol de la Fórmula moliendo en el vividero veinticuatro drupas meolvidohastamañana. Esta vez las drupas molidas las acercarás hasta sus narices para que despierte desde su fragancia, a medida que se incorpora debe comerlas en orden creciente: una cucharada, traga… dos cucharadas, traga tres cucharadas, traga… y así hasta el fin del cuenco cupreoculto. Después de esSSSSSOOOOOOOOOhhhHHHHHH… —Barrick comenzó a saltar en el lugar como si una bocanada de energía lo hubiera atravesado. Saltaba y saltaba abriendo y cerrando los brazos. Frenó. Aclaró su garganta y continuó con las indicaciones—. Después de eso, Se le prepararán dos setas de la brillantez cocidas durante una vuelta al Árbol de la Fórmula. Queridas grooweis… —dirigiéndose a Julibur y Pría— …qué bueno que hayan traído a Madame Frigolín a tiempo… No sabría decirles qué hubiera sido del futuro de La Cocina con una angustia tan incisiva y lacerante viviendo entre sus pensamientos, entre sus sentires… Créanme, la han salvado y con ello, han salvado el placer de todo el Hogar Grooweis; sus platos volverán a brillar en nuestros estómagos.

—Gra-gra-gracias, señor Armonizador… gra-gra-cias… Pero fue usted quien la salvó —dijo Julibur tratando de hacerse cargo de la situación con las pocas palabras que le permitía su obnubilación.

—Julibur, querida… —Barrick miró a Pría y le guiñó un ojo—. Entre una urgencia y su curador, está el salvador, quien ha logrado acercar a tiempo a las dos partes. Ustedes la han salvado; yo, sencillamente, la he curado.

Barrick Donduaine empezó a caminar hacia la puerta de la Refuerzosería con cierta dificultad. Parecía estar sin energía. Se tomó del tronco de uno de los halagos, donde solía reposar su espalda en los momentos en los que repasaba algunas de sus fórmulas.

—Maestro… ¿Se encuentra bien? —Virimor Estenzit se había preocupado, y cuando Barrick hizo una pausa, se acercó a él de un arranque envolviéndolo con sus dos grandes brazos. El libro de búsquedas se le había caído de entre sus manos arrugándose unas cuantas hojas. Empáticamente Pría lo levantó y lo acomodó encima del burujo.

—Gracias, Virimor… Estoy bien. —Barrick parecía un poco agitado. Se aferró a los hombros anchos de su aprendiz—. A veces cuesta que la energía vuelva a su circularidad vital. Pareciera como si estuviéramos vacíos, pero no. Sencillamente debemos estar a la espera de que las estrellitas del deseo vuelvan a invadirnos en toda nuestra extensión; mente… cuerpo… alma. —Barrick señalaba su cabeza, sus pies y su corazón con sus palabras mientras tomaba asiento con la ayuda de Virimor.

—Madame Frigolín se quedará aquí descansando mientras Virimor prepara las setas y las drupas que le ordené. —Barrick miró a Virimor con cierto reproche por no estar haciéndolo desde que había dicho “¡ya!”. Y Virimor con mucho respeto le devolvió su mirada como explicando que no las estaba preparando por estar asistiéndolo. Barrick comprendió, y en ese momento concientizó su vulnerabilidad.  < El tiempo aprieta con dolor, y pasa limpio con amor >.  Como les decía, Pría y Julibur, ahora que estoy cómodamente sentado… —Barrick miró una vez más a Virimor y éste entendió que debía comenzar con a echar mano a los cuencos y el mortero— … Madame Frigolín volverá a La Cocina para el anochecer. Pueden ustedes volver con tranquilidad.

—Muchas gracias, Armonizador…

—Barrick… llámenme Barrick, a lo sumo Donduaine… siempre me gustó cómo suena mi apellido. —Pría y Julibur sonrieron respetuosamente.

—Barrick Donduaine… —Pría hizo una pequeña pausa que bastó para que el Armonizador levantara su barbilla—. A usted le agradecemos con el alma por haber curado a nuestra maestra. —Pría y Julibur realizaron una reverencia y se marcharon de la Refuerzosería hacia la cocina, había mucho trabajo que realizar hasta el regreso de Madame Frigolín. Virimor Estenzit las siguió con la mirada, embobado.

—¡¡¡Virimor!!! —Barrick espetó un duro grito, de esos a los que Virimor ya se había acostumbrado.

—Aquí estoy… ¡¡¡aquí estoy!!! —Virimor señalaba los cuencos que había elegido y otros materiales tratando de que su maestro no percibiera su desatención.

—Sé que estás ahí, por eso grité en esa dirección. —Barrick se dio media vuelta hacia Virimor—. Con estas preparaciones hay algo que temo, algo que podría ser terrible… Algo que no sé si podríamos soportar… No quiero ni pensarlo, qué sería de nosotros si…

—Pecaterís y Meredin… —interrumpió enérgicamente Virimor Estenzit poniendo aún más energía en el vividero donde había comenzado a triturar las drupas— …trajeron el doble de setas de la brillantez de las que habíamos pedido, llenaron el cajón y dejaron el resto en aquel canasto de júbilo. Frapelin y Corcavin se encargaron de llenar hasta el tope el cajón de las drupas meolvidohastamañana, el Ejército de Madera proveyó generosamente.

—¡Interesante! —Barrick Donduaine se calmó en el primer aire y fue en busca de su pipa.  < No hay nada más gratificante para mí que unas cuantas hojas de halago quemándose mientras descanso en mi contentador luego de una tarea bien realizada. Cada uno sabrá cómo festejarse, de eso seguramente se trate la salud, la vida >.

Virimor Estenzit continuó su preparación con media sonrisa en el rostro contemplando el sueño que parecía comenzar a ceder en Madame Frigolín. La cubrió con una pequeña manta en su torso cuando tuvo la certera impresión de que el frío la había tomado.

Lucas Bruno

(extracto del libro “La era de la Comunidad”,

volumen I de “Las Tierras de las Cuatro Espadas”)


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