No es extraño que nos pregunten “¿por qué bestial?”, pues la bestia en sí es temida, así como también es denostada: “¡no seas bestia!”. Es cierto que existen apreciaciones al alcance del vaso de la mesa de domingo en tono a lo superlativo “¡no, tremendo! una bestia!” Debe haber más, pero para los alcances de esta nota quedémonos con esos tres, en especial los primeros dos. Lo bestial “es temido” y “se le baja el valor” (para precio, el mercado).
La bestia, lo salvaje. Es temido y se lo desvaloriza. La singularidad que hemos tomado en su momento, y que año a año que ha transcurrido a puro ensayo, práctica, papel, lápiz, sonrisa y mate, ha ratificado su aceptación genuina que no llega desde otro lugar que no sea de la expresión grupal, esa misma que cuestiona lo que hay que cuestionar dejando a los escenismos histéricos y narcisistas bien a un costado de la sala.
Los conceptos llegan con esas sales, de modo que siempre se terminan aceptando aquellos que con el paso del tiempo el pueblo acepta. Es cierto, ¡y vaya si existen hoy día! siempre habrá grupos de elite intentando imponer un concepto en el grueso (qué se dice, qué se hace, qué está bien, qué está mal) y ahí iremos pululando entre aquello y esto para que con el paso del tiempo y sin ninguna academia en el medio, sea el pueblo quien termine aceptando qué de todo eso respira en su salsa finalmente. Esto sin ninguna dificultad puede trasladarse a los grupos; que desde el código civil y código penal entre el contrato social, que desde los objetivos y las reglas de cada grupo; ya sea en el pueblo, ya sea en un grupo, hay encuadre desde donde siempre se parte y aquello que se proponga como “nuevo”, como un “cambio favorable” tendrá que vérselas con la aceptación amorosa del paso del tiempo.
Se imponen conceptos, se logra convencer “el nuevo nombre”, “el nuevo logo” en aquella reunión esculpida a tiempo y espacio de la mayoría, se elige un representante para determinado cargo, lo que fuera, a partir de allí aquello que en ese único instante se consiguió deberá vérselas con el tiempo y su morral de las cosas que pasan en cada uno de sus pasos. En síntesis, y más allá del bien o del mal, finalmente y pese a todos los esfuerzos por aparatear una decisión, queda lo que el grupo sensiblemente acepta.
Lo bestial, temido y denostado. ¿Qué podemos pensar acerca de lo bestial? Eso que se teme y se denosta. Pues, aquí la papa. Tomamos el concepto desde esa hermosa fragilidad desde la cual el animal salvaje ni siquiera come sin estar al acecho* de aquello que podría venir, como si hasta para dormir lo hiciera con un ojo abierto. Puerta adentro, techo y deseo organizado, esto se va apagando, ¡qué se le va a hacer! algo de eso nos trajo la razón. Y jamás diremos que ése sea el problema, pues no siento que la cosa mejore a partir de los enfrentamientos dialécticos sino más bien desde la armonía entre las partes; y bien, entre lo seguro y lo salvaje, algo tiene que haber, ¡claro que sí! El problema entonces lo tendremos cuando nuestro deseo flujee sólo en los contratos favorables, las llaves adecuadas y las palabras correctas (confío en que le ha puesto la negrita correspondiente a la palabra “sólo” de la anterior oración).
Y es que la bestia, esa que nosotros gritamos desde la máscara roja Paya, viene a cuestionar desde el fuego creativo de la inocencia todo aquello que plantó cáscara y semilla en nuestros andares, en el laburo y en la familia. Viene a abrirnos los sentidos en multidirecciones para animarnos a volver a vivir todo aquello de lo que también somos protagonistas de otro modo. Nuestro estar “al acecho”, bestial, salvaje, tiene que ver con vivir la vida que vamos latiendo en medio de los negocios, los entrenamientos y las normas, permeables a aquello que potencia nuestra vida. Nosotros hemos encontrado un marco, uno de tantos que debe haber, desde donde saltar y producir espacios y tiempos.
Lo bestial en la vida, está cerquita, es probable (y saludable por cierto) que si cierra un poquito los ojos y recuerda, se dé cuenta que también en usted anda, anduvo y andará lo bestial, eso de lo que estamos hablando. Le daré una pista: nunca está solo (aunque no haya alguien al otro lado de la mesa), es probable que sea la sonrisa quien pinte el rostro aunque también aparece con fuerza la lágrima salada, el registro del tiempo le pasó volando cuando volvió a mirar el reloj y hay un pensamiento que se le repite dentro de su cabeza “¿cuándo será la próxima?”. Entonces, ahí mismo donde está eh, ahí en ese recuerdo del asado con los pibes del club, en la vez que su cuerpo parecía estar poblado de ventosas que no estaban dispuestas a aflojar en aquel abrazo, en ese mantel, en cuando finalmente llegó, mientras caminaba y no había forma de que soltara al aire esas palabras, al cerrar el libro, al comenzar a escribirlo, cuando tu hija sonrió distinto y todo se sabía sin que fuera necesario hablar, ahí… ahí, ahí lo bestial.
Siguiendo el pulso de los saberes cotidianos, a la bestia ¿por qué se temerá? ¿por qué se denostará? Habrá que prepararse un matecito, apagar un poco los aparatos y responderse. Y lo que es mejor, ¡pasar a la acción!
Lucas Bruno
* “estar al acecho” se desarrollado en la NTB “Crear es conveniente”.

