Paciente llega al consultorio. Lo hace desde la calle, la calle de su vida, una que forma parte del entramado nacional que se compone día a día desde nuestras calles. Cincuenta minutos (más cinco) y la cosa se da, a veces más intenso y en otras parece que menos, en ocasiones es el histórico social el que nos da el empujoncito, en otras el multi-telón de Edipito, sueños, proyectos, duelos, cobardías e injusticias, éxitos y riesgos, heridas narcisas, culpas adoptadas, puños que se aprietan para golpear, para festejar, para aguantar los trapos. La cosa se da, y entonces “hasta la próxima” y Paciente sale del consultorio, hacia la calle.
Desde este punto de Buenos Aires, constantemente nos preguntamos acerca de “la salud” (¡en ocasiones nos animamos a responder y todo!). Más allá de que haya tocado a la puerta la enfermedad o no, tres son los conceptos que se presentan imprescindibles para analizar cartográficamente la historia de la que vamos siendo parte y protagonista. Al mapa lo podemos encontrar en un manual, en el chat gpt o en cualquier otra instancia de estadísticas y análisis matemático; en cambio a la cartografía la vamos componiendo a medida que avanzamos. Entonces dentro del consultorio, ¿a qué llamaremos salud? Lo que se centraliza en el análisis es la potencia del ser, lo que puede Paciente. ¡Y vaya si podemos mucho!
Captura. Toma. Fuga. Esas son las tres herramientas que debemos conocer y tener a mano. Desde allí, todo. Cada una de estas tres nos permite el análisis, pues aquello que en esta nota dejaremos como núcleo de estudio será el “estar deseante” de Paciente. Infinidad de expresiones de ese “estar deseante” son posibles en Paciente, que luego sale del consultorio, hacia la calle y por ejemplo, entra a la verdulería.
-Captura (de nuestro estar deseante): está detenido, y somos conscientes de eso. Se lo siente dentro de límites concretos, en el centro de un territorio (un fastidio, una desilusión, la daga del no saber, la satisfacción plena de haberlo conseguido, etc), alejado al máximo de sus bordes. Uno en soledad, uno en lo grupal, uno.
-Toma (de nuestro estar deseante): está detenido, pero no nos damos cuenta. Como si estuviéramos en pausa, en una terrible pausa. Uno en soledad, uno en lo grupal, uno.
-Fuga (de nuestro estar deseante): se lo respira desde el vuelo del colibrí. Se trata de la expresión máxima del deseo, en donde estamos tan al borde del territorio (lugar – tiempo – sujetos y predicados de la escena) que se nos confunde el límite de nuestro territorio con el de al lado. Ni nos damos cuenta del paso del tiempo: ¿ah, cómo, ya pasó? ¿de verdad? ¡parecieron diez minutos!
Vivimos los territorios que vamos construyendo (día a día, momento a momento), y eso tiene mucho que ver con las grupalidades que se despliegan a medida que soplamos las velitas de la torta.
Hay que poder pensarnos a modo de escena, y en ocasiones somos protagonistas, en otras reparto y algunas dirección o escenografía.
Entonces Paciente entra a consultorio, viene de la calle. Puede que traiga alguna escena que estuvo rebotando en su cabeza en la última semana, pero “en la cancha se ven los pingos” y es puertas adentro que la(s) escena(s) que se trabaja(n) es(on) la(s) que finalmente acontece(n) entre Paciente y Terapeuta.
Paciente sale del consultorio y va hacia la calle, entra la escuela donde da clase. Profesores, alumnos, directivos, etcétera. Entretejido infinito de escenas y cantores. Y hay algo en lo que está trabajando Paciente en consultorio, como si su estar deseante hubiera ocupado mayor número de bancas en su Legislativo, es inevitable. Su salud se expande y el grupo lo nota. Algunos de ellos se dejarán acercar un poco más a Paciente, hay algo de esa salud que invita, que llama; y habrá otros que se mantendrán donde siempre estuvieron. Finalmente todos saldrán de esa escuela hacia la calle y entrarán a sus casas.
Es cierto, se acostumbra pensar en la salud de forma individual (como dice el famoso meme: “convenzame de lo contrario”). No es mi caso, al menos jamás me permitiría abordarla únicamente de forma individual, pues formamos parte del mismo espacio que nos abraza a modo de país. Entramos y salimos de calles, nos cruzamos, tenemos qué ver (qué oír, qué degustar, que oler, qué vibrar) con el otro. Es cierto, conocemos a muy pocos de la totalidad pero también debemos aceptar que jamás sabremos dónde terminan nuestras conexiones.
Pensarnos en escena es un gran punto de salida. Nos lleva a abrir la lente hacia muchos ángulos más que aquel que hace zoom a lo que le esté pasando a nuestro eternamente protagonista Yo.
Desde lo grupal es que se crea salud. En el consultorio se sale desde una escena, en los consultorios de las vidas cotidianas se saldrá de otras tantas. Y estoy muy seguro que sin intención ni ningún tipo de percepción, cuando su estar deseante se encuentra fuerte, Paciente crea salud en cada uno de los territorios de los que forma parte (trabajos, familia, ideas, estudios, etc) pues siempre nuestra potencia busca ampliar modos y superficies de conexión.
Entonces sale a la calle mientras otro dobla por la esquina, el almacén ofrece sus dos puertas abiertas y una mujer levanta su cabeza pero no entiende muy bien por qué, el hombre se había ido con la bolsa en mano, dos niños sonreían y el “ca-chínnnnn” de la caja gritó su vuelto.
Defender nuestro estar deseante es practicar día a día su expansión. “¡Al gran pueblo argentino, salud!”
Lucas Bruno

